martes, 9 de agosto de 2016

Los libros son para el verano ( y las bicicletas también)


Verano 2016

Después de días, meses, algunos años pasando sin pena ni gloria por la lectura, este verano me he vuelto a enganchar. No es que no haya leído hasta este verano, tengo una buena lista de libros que he leído, ojeado, estudiado y revisado, pero hasta este verano no había disfrutado de la lectura... creo que hacía como cinco años o más que no me disfrutaba tanto los libros, las historias, las palabras.

Empecé con "Bajo la misma estrella", este libro cayó en mis manos hace dos años, alguien me dijo que lo guardara, y ahí estaba sin abrir en la estantería donde se acumulan libros y polvo. Este verano me decidí a abrir la bolsa y al leer el título, me dije, pues venga, además soy de esas lectoras que si no le gusta lo que lee lo abandona sin ningún tipo de remordimiento. El libro me encantó, es sencillo, escrito de manera muy directa y sin grandes narrativas, pero la historia te engancha, quién no tiene un amigo, amiga, familiar, vecino o conocido que no haya tenido cáncer, o peor aún, que no haya muerto de cáncer. Puto cáncer. Pues la historia me gustó, me hizo reír y llorar, y lo mejor de todo me hizo engancharme con la trama, quería saber qué iba a pasar después y cómo. Un libro para el verano muy recomendable, para casi todas las edades.

Segundo libro del verano, una recomendación de mi gran amiga Eva. Le pedí un libro que se leyera ligero y tuviese una historia bonita, interesante, en fin, una buena historia. Venía de "Bajo la misma Estrella", todo un best seller. Ella me recomendó: "La chica del tren" y "Mil soles espléndidos". Cuando fui a comprar uno de los dos, también me planteé comprarme los dos, iba con Rodrigo y Martí. Martí es mi hijo, que mañana cumple 4 años y está super nervioso. Pues fui con ellos y tuve los dos en mis manos y en principio "La chica del tren", me pareció que me iba a enganchar muchísimo, parecía más interesante, pero "Mil soles espléndidos" me ofrecía algo diferente, y si el criterio de mi amiga es fiable,... le di a elegir a Martí que dejándose llevar por su instinto me dijo este, señalando a "Mil soles espléndidos", uf... es como cuando tiras una moneda y no quieres aceptar tu destino, eso me pasó, giré ambos libros y el más barato fue el que compré.  
No sé cuando lo empecé a leer, tal vez en las mañanas cuando antes de que despierte Martí me quedo en la cama esperando a que lo haga, leyendo, qué lujo!. Un libro no solo fácil de leer, sin filigranas, con un vocabulario asequible, con buen ritmo, con una historia que es la historia de muchas mujeres, un muy buen libro. Me ha hecho abrir los ojos, respetar y odiar, amar, reír y llorar. Unas historias bien contadas. Creo que de mis favoritos. Y llegó al fin, oh... hacía tanto tiempo que no me acababa un libro y quería volver a leerlo, con este me ha pasado, esa sensación es pura magia.

Y, llegó el tercero. De este había leído algunas críticas y había visto varias entrevistas con Almudena Grandes. Le llegó el turno a "Los besos en el pan", qué gran capacidad tiene la autora, la he envidiado mucho mientras leía. Como ha sido capaz de retratar a tantas personas, de esa forma tan cotidiana, armoniosa, en la que parece que eres una espectadora del barrio en cada capítulo, en cada casi relato. Me lo he leído muy rápido, también devorándolo como los otros, consumiendo cada minuto de tiempo libre en la lectura, adicta a leer y a querer volver a leer, como cuando acabas un cigarrillo y se te hace corto. Este se lo dejaré a Rodrigo, una fotografía estupenda de nuestro día a día.

El cuarto, es el que tengo entre manos, "Los detectives salvajes", otra vuelta de tuerca, nada que ver ni con uno, ni con dos, ni con tres. Una historia más masculina tal vez, de momento me está gustando me recuerda a Stoner, mi libro del verano pasado, pero diferente con un personaje más bohemio, más tipo Bukowski, pero más light, aunque sólo estoy empezando la historia.

Así que feliz de reencontrarme con uno de mis pasatiempos favoritos, leer y dichosa de escribirlo. Después de dos años de no publicar nada en el blog. Este deseo lo dejo para la Navidad, volver a escribir, de momento espero no dejar de leer con entusiasmo! Bones vacances!

martes, 8 de julio de 2014

Y Ana se fué en moto


La enfermedad, la muerte, la lucha, la vida, los amigos en la distancia, los amigos que se fueron o se dejaron ir, aquí y ahora, qué siento, qué me dejo sentir. Estoy triste, triste, confundida y aturdida. Llevo apenas dos meses de conocer que un amigo tiene un cáncer que se lo come, que lo devora por dentro, que se lo zampa, he hablado sólo una vez con él, no se quejó, parecía sereno, asustado pero sereno, dijo que había tenido suerte hasta ese momento, el de saber que tienes cáncer, más bien el momento de saber que tienes un cáncer que no se cura. En estos dos meses he pensado sobre su vida, la vida que yo conozco de él, he pensado en su presente, que me lo imagino, más que saber y he pensado en su futuro, el desgaste, el dolor, su familia, sus últimos días, sus deseos,... Y de repente, vuelves un sábado a casa, después de un agradable paseo y te sorprende una llamada, y el tono de voz ya te hace intuir que la noticia que te va a comunicar no es buena, "A.G. ha muerto", me senté de inmediato en el rebate de un portal. Ana, Ana ha muerto, ¿cómo?. Ni me lo creo todavía, mañana es el funeral, ni me lo creo. Llevaba un año sin ver a Ana en persona, la última vez que la vi fue que ella vino a conocer a mi hijo, nos regaló una manta que a ella alguien le había regalado. Ana, con su pendiente, sólo uno, fumando mucho, muchísimo, con sus pecas, su pelo de leona, su rabia contenida. No sé cómo ha muerto Ana, no estaba enferma, murió en una habitación de un hotel en Almería, había ido a un congreso, no sé nada más. Lo primero que pensé, fue que hubiese muerto en paz, tranquila, con la serenidad con la que nos atendía en su despacho de la universidad. Ana fue mi tutora, mi guía, la que me acompañó por las historias de vida, la que me las presentó, la que puso a mi alcance autoras y autores que han enriquecido mi manera de ver y vivir el mundo, una gran compañera Ana. Alguna vez una de sus compañeras me dijo que ella me "mimaba" mucho por el hecho de yo trabajar fuera de la universidad, qué me alegro de que Ana me diese esos mimos, que me cuidara, después de que nosotras hablamos tanto sobre el cuidado. A mi me gustaba llevarle en Sant Jordi la rosa o el punto de libro que habíamos hecho en clase con los peques, Ana, mi Ana, la Ana de tantas otras alumnas y compañeras. Admiramos tu trabajo, tu manera de mirar el mundo, tu forma de guiarnos, de acompañar nuestros procesos. Ana, hoy y mañana y durante mucho tiempo no podremos evitar llorar cuando pensemos en ti, porqué sufrimos tu ausencia, tu no estar. Muchas gracias Ana, por lo aprendido contigo, por lo compartido, por los quehaceres, por las amas de casa, por el feminismo, por el cuidado. 

Hace apenas unos meses conocía la noticia de la enfermedad de mi amigo, al explicárselo a una de mis mejores amigas, me decía "tenemos un día para nacer y un día para morir", he pensado tanto en la muerte de mi amigo enfermo, el dolor, el cuerpo, el sufrimiento de su madre, de su padre, el vacío de su pareja, el hueco que deja en sus corazones. Ahora Ana, sin nadie pensarlo o intuirlo nos ha dejado, así sin más, se ha ido, sin aviso, así es de frágil la vida, ahora su madre llora a Ana, y su padre y todos los que hemos tenido el placer de conocerla, así es el ciclo, no hay otro modo. Ana y mi amigo que no se conocieron, coincidían en que ambos vivían en Barcelona y se movían en moto. Cuando imagino que mi amigo se va, siempre lo hace en moto, ahora siento que Ana se fué en moto. Agur Ana.

sábado, 11 de mayo de 2013

Sonriendo al pasado...


Ayer cambió el rumbo de la historia en mi país, Guatemala. Ayer finalmente se pusieron los puntos en una herida que llevaba tiempo supurando pus, y que había extendido su infección hasta lugares recónditos del tejido social guatemalteco. Ayer la justicia fue valiente y por primera vez en latino américa sentenció a un dictador en su propia tierra, trastocando los pilares de un modelo de estado que se ha construido sobre el autoritarismo, la impunidad y la defensa de los poderos. Rios Montt, el "carismático" dictador ha sido condenado por genocidio y crímenes de lesa humanidad, y pasará el resto de sus días en prisión. Lo condenaron como máximo responsable de las decenas de masacres perpetradas al pueblo Ixil, pues como jefe de estado (1982-83) era consciente y aprobó que aquellas matanzas se realizaran como parte de una estrategia explícita y deliberada del ejército.

Vivir este momento desde la distancia, ha sido una experiencia bastante extraña. Aunque José Pablo Porres ya lleva semanas publicando en FB reflexiones sobre lo que este juicio podía significar para Guatemala, su gente y su historia (que no sólo es el pasado, sino también su futuro), debo confesar que no me interesé demasiado en el tema, porque una parte de mi era bastante escéptica con las posibilidades del fallo. Sin embargo, otro amigo, Juan Pablo Castillo recomendó un artículo muy interesante hace un par de días, y al leerlo ya me fue imposible seguir de espaldas a lo que pasaba. En los últimos días he estado pendiente al veredicto, y desde que lo conocí esta mañana, llevo el día envuelto en recuerdos y emociones encontradas...

Fue curioso que justo fueran estos dos amigos, los Pablos, quienes a su modo y sin saberlo me fueron preparando para encajar la noticia, pues junto a ellos vivimos experiencias fantásticas y duras, conociendo y conviviendo con victimas del conflicto armado en Guatemala, mientras formábamos parte del Voluntariado de la universidad donde estudiábamos. Siempre he pensado que nuestra amistad (y la que guardamos con otras personas del voluntariado), tiene uno de sus pilares en haber "despertado" juntos nuestra consciencia social, en habernos adentrado en la cruda historia de nuestro país, en haber compaginado las fiestas y las risas propias de la juventud, con la acción social comprometida en las comunidades de Ixcán, Potrerillos, El Quiché y en tantos otros sitios...

Luego de salir de la universidad,  tuve la gran oportunidad de dedicarme profesionalmente durante algunos años a trabajar muy de cerca con sobrevivientes de masacres perpetradas justo en los años que gobernaba Rios Montt. Como psicólogo comunitario, fui testigo directo de la terrible huella que aquellas experiencias había dejado sobre las personas, las familias, las comunidades enteras. Mucho de mi trabajo consistía en intentar aliviar emociones malsanas que se anidaban en los corazones de aquellas personas: culpa ("quizá nos pasó esto porque lo merecíamos"), rencor ("¿cómo vamos a poder perdonar, si los asesinos siguen libres?"), miedo ("cada vez que pasa un helicoptero cerca, mi hermana se orina encima"), desesperanza ("se llevaron nuestra milpa, nos arrancaron la vida"). También tuve la gran fortuna de presenciar reencuentros familiares, entierros dignos de osamentas que yacían en cementerios clandestinos, reconciliaciones comunitarias. Pero sobretodo presencié la fuerza de aquellas personas y su inquebrantable voluntad para buscar justicia, para esclarecer la verdad, para limpiar el nombre de sus muertos, para encarar el futuro pensando que el pasado no volvería nunca más.

Nadie sabe a ciencia cierta lo que la condena a Rios Montt significará para la humanidad. Mucho hay escrito y mucho se escribirá sobre su impacto en términos simbólicos, sobre como este mensaje claro contra la impunidad puede ser un freno para la escalada de violencia social, sobre los cambios en la estructura del poder que puede suponer... La historia nos irá descubriendo su rostro. Pero desde la distancia estrecho la mano de esos cientos de personas con quienes he compartido la esperanza de que la historia nos devolviera o nos mantuviera con ganas de luchar por la verdad y por la justicia.

Esta mañana, mi hijo Martí de 9 meses, tocó por primera vez la marimba que tenemos en casa... Una parte de mi sabe que lo hizo como suele hacer muchas cosas en estos días... sin saber bien el significado de lo que hace, sin entender la trascendencia de sus pequeños pasos. Pero otra parte de mí, quiere creer que sus genes  y su consciencia parcialmente guatemalteca, le han propulsado los músculos, las neuronas y el espíritu para unirse a la celebración de los hombres y mujeres de maíz que hoy, luego de 30 años, sonríen al futuro... y sonríen al pasado.  

sábado, 30 de marzo de 2013

Los días sin tiempo

Lo reconozco tengo miedo, miedo de volver al trabajo. Llevo casi un año ausente de mi puesto y no lo echo de menos, a veces me siento un poco mal por ello, pero la mayoría estoy satisfecha porqué después de 15 años trabajando, estudiando, trabajando, estudiando y haciendo ambas cosas a la vez, confieso que he disfrutado de este mi primer año de maternidad. A algunas y algunos les puede parecer curioso que mi año de maternidad sea un año sin tiempo?
Tanto a mi pareja como a mi nos hacía mucha ilusión tener un hijo/a, nuestro bebé se creó siendo muy, muy deseado y desde el momento en el que supimos que una vida comenzaba en mi interior hicimos lo posible por cuidarnos. En Abril del año pasado mis fuerzas, ganas y sobre todo el dolor de espalda me hizo visitar a mi doctora de cabecera y "pedir" la ausencia laboral. Descansé y respiré. Fueron unos meses de embarazo rico, en el que conectaba con el bebé mientras nadaba, hacía yoga y leía sobre su desarrollo en mi interior. Disponía de mis tiempos guiada por mis deseos, algunas obligaciones cotidianas, pero nada, nada en absoluto que no pudiera esperar o hacerse mañana. Los días sucedían tranquilos, la primavera la disfruté paseando con nuestra perrilla en las mañanas en el parque y el bebé crecía tranquilo, alegre, despreocupado, yo estaba relajada, feliz, sana. 
En Agosto nació el bebé y al principio sí miramos el reloj el papá y yo, novatos intentábamos predecir las necesidades de nuestro bebé y afortunadamente es un bebé con unos ritmos bastante estables, demandaba el pecho cada 3 o 4 horas, dormía 3 o 4 horas seguidas,... pero no importaba si era media hora menos o más, en un breve tiempo olvidamos los relojes externos y empezamos a funcionar por el reloj del deseo del bebé sin olvidar el nuestro. Desde su llegada al mundo todo el mundo gira en torno a él pero también hemos sabido buscar un espacio para nosotros, para el  papá y la mamá y, fíjense que he dicho un espacio y no un tiempo, porqué estoy viviendo estos días como días sin tiempo, como días que suceden, acontecen, en el que los deseos más primarios y cada vez más sociales van encontrando un hueco, un sitio. Vivo sin despertador porqué vivo con un bebé que en el momento en el que siente que ha dormido suficiente se despierta alegre en la mañana, come cuando pide comer, juega, vuelve a dormir, juega, vuelve a comer, jugamos, vuelve a dormir, paseamos, nos bañamos, cenamos y a dormir. Me fijo en la hora, sí, me fijo, es importante para él, está adquiriendo unos hábitos, una rutina, la que él desea, necesita, la que yo puedo ofrecerle porqué en mis días no hay más tiempo que el que él marca, no hay más responsabilidad, ni obligación. Ahora, dentro de unos días esto va a cambiar, empiezo a trabajar, mis días sin tiempo van a espaciarse, tal vez en vacaciones... Sí tengo miedo, estoy triste, quisiera alargar mi tiempo sin tiempo, pero ya se acaba y tengo un objetivo en mente, aunque comience a trabajar, aunque mis tiempos no solo los marque el ritmo de nuestro bebé, quisiera, me gustaría aunque suene a utopía, no meterle prisas, dejarle respirar, respetar sus ritmos, su deseo, y respetar el mío, el de mi pareja. Sí, lo sé, ahora empieza la difícil tarea de compaginar horarios, conciliar vidas, ... sí, da vértigo, a ver cómo se nos da ( o cómo nos va).

Princesa Andalana

martes, 5 de febrero de 2013

Nos preocupa la Educación

Supongo que muchos de vosotros habéis visto el programa "Salvados" del domingo en la Sexta, un programa con mucho sentido que deja un amargo sabor. Si no lo habéis hecho os explico brevemente que compara a grandes rasgos el sistema educativo español con el finlandés, os lo podéis imaginar,... si queréis saber más en esta dirección lo podréis visualizar: http://www.lasexta.com/programas/salvados/noticias/escuela-publica-enfrenta-momento-mas-dificil_2013020300088.html.
Un programa muy duro para l@s que nos dedicamos a esto de la educación, ya sea una maestra, psicóloga, madre, padre, educador, monitor, abuela,... en fin, si tuviéramos la mentalidad finlandesa ya sabríamos que tod@s educamos, ... supongo que es la gran diferencia entre un país y el otro... además del frío ;)

Los maestros/as mediocres, los políticos imponiendo ideologías, los padres desentendiéndose de la enseñanza/ educación de sus hijos/as,... un panorama desolador, muy decadente el que pudimos ver,... sin recursos: ni humanos, ni materiales, sin dignidad,... yo casi acabo llorando, qué drama la educación en España!!

Y,... debo de admitir que me fui a la cama algo ofendida, yo soy maestra, y me pienso una  buena profesional, estudié también psicología y superé un máster en investigación con muy buenas notas. Sí, aprobé una oposición, en parte por suerte, pero... en gran parte porqué tengo una buena formación, porqué me gusta mi trabajo, porqué me gusta enseñar, y educar y que mis alumnos/as reciban lo mejor de mi y también sus familias con las que me encanta trabajar y charlar sobre sus hijos/as,... Así soy yo, así son algunas de mis compañeras amigas, personas entregadas a su labor, una labor educativa y social importantísima, con recursos y sin ellos, siempre dando la cara, reflexionando sobre nuestras prácticas y luchando por construir, crear una escuela para tod@s, pública de calidad. Sí, con muchos factores en contra, como compañer@s mediocres o malos, muy malos, y... cómo lo arreglamos? ponemos más difícil el acceso a la carrera universitaria, ponemos más difícil el acceso a las aulas, no! nosotros tenemos inspecciones que en realidad no sirven para controlar la calidad del profesorado, sino que se vayan cumpliendo las nuevas ( siempre son nuevas) leyes que imponen los gobiernos. Nosotros no siempre nos creemos las leyes y cómo vamos a trasmitir algo en las aulas que no nos creemos?, podría un ateo ser cura? o rabino?, no tendría sentido verdad,... pues es lo que acabamos pensando algunos profesionales de la educación, qué sentido tiene que vayan cambiando las leyes si no nos consultan, sino nos preguntan qué es lo que hay que transformar para que funcione mejor y tal vez maestr@s buenos, mediocres y malos, muy malos coincidiríamos en decir que ¡basta!, basta de cambiar contenidos, de cambiar discursos, de cambiar por cambiar. Dejen señores/as del gobierno español que la educación sea lo prioritario para la sociedad, eduquemos de forma global, a niñ@s y adult@s, creamos en los profesionales de la educación y los que no quieran o no valgan que se salgan! que ya no nos dan pena!!.
El presente es nuestro futuro invirtamos en ello.



lunes, 21 de enero de 2013

Un paseo en camello

Mi padre es un enamorado de los caballos. A mi de pequeña me horrorizaban los ponis. Dos frases simples por las que comenzar a explicar mi sueño y su posible interpretación.

Ahora hace cinco meses que tuve un bebé, es un bebé estupendo al que le gusta comer mucho. Todavía toma teta, así que en la noche, una o dos veces, dependiendo del día, se despierta, digo, nos despertamos a comer, él come, yo le proporciono el alimento, es obvio. Entre sueño y toma, acostumbro a entrar en fase REM y soñar de lo lindo. La otra noche soñé que ... en fin, esta es la historia:

Estoy subida en camello, es mi camello y estoy muy contenta de ir montada en él. Estoy en el metro de Barcelona montada en mi camello. Me parece algo extraño, pero estoy orgullosa de hacerlo. De pronto, me doy cuenta de que hay muchas, muchas, muchísimas escaleras y me parece que no voy a poder bajarlas montada en el camello, pero me armo de valentía y logro bajarlas sin caerme del camello. Al llegar abajo me encuentro con un policía, yo pienso que el policía me va a multar o incluso a detener por ir en camello, pero para mi sorpresa el policía me sonríe y yo decido preguntarle por dónde está el ascensor, es que llevo el carrito de mi bebé y necesito el ascensor para subir. - Sigue adelante y a mano derecha lo encuentras-, me dice el policía. Yo le contesto, - gracias, y piensa usted que el camello cabe en el ascensor con el carrito, el bebé y yo- le pregunto. El policía asiente con la cabeza. Así que yo llevo el carrito con mi bebé y voy hasta el ascensor, bajando y subiendo escaleras montada en mi camello, 

Así acabó el sueño. Cuando desperté de él me pareció un sueño divertido y en la tarde- noche cuando me senté a hablar con mi marido, le expliqué el sueño. Él dijo que era fácil de interpretar, pero no estuve de acuerdo con su interpretación. Así que pensándolo bien, me dije: sé que a mi padre le encantan los caballos, y recuerdo que odiaba tenerme que montar en los ponis cuando era pequeña, les tenía pánico. Sin  embargo, cuando viajé a Túnez subí en camello para pasear por el desierto y me encantó. Tal vez, el camello sea el símbolo de que he superado mis miedos a los caballos, ponis, burros, y demás animales de cuatro patas en los que se pueda una montar.  Tal vez ahora, al ser mamá, me armé de valor para actuar en situaciones que antes me paralizaban. Tal vez sea más simple y simplemente signifique que ya no soy tan niña.

Princesa Andalana

martes, 17 de julio de 2012

Diario de verano (5)


Día de vacaciones 6, o vuelta al trabajo -2. El viento volvió a conjurar en nuestra contra, pero con un poco de astucia y colocando la tumbona a resguardo de una duna suficientemente alta, pudimos disfrutar de una mañana al sol sin despeinarnos demasiado y llegando incluso a sentir un poco de calor. Lo malo es que dicho enclave estratégico estaba justo en todo el medio de uno de los caminos que llevan a los veraneantes a la playa, y resultaron un poco molestas las miradas rencorosas de las familias alemanas, danesas, francesas y autóctonas al verse forzadas a pasar en fila india por el estrecho pasillo que dejamos transitable, y viendo notablemente reducido su margen de esquivar los envistes de la incorregible Nea.  Pero bien, lo bueno de irse haciendo adulto es que se aprende a pasar bastante del qué dirán, así que permanecimos plácidamente inmutables en nuestro espacio libre de huracanes. Eso sí, con una mueca risueña y simpática clavada en el rostro pasara lo que pasara, como cualquier guiri que se precie.

La verdad es que algunas familias tuvieron algún problemilla para pasar por el pasillo de arena, debido a que iban bastante cargados con una multiplicidad de artilugios destinados a asegurar la sombra, el entretenimiento, la flotabilidad, la alimentación, la comodidad, la hidratación, la horizontalidad, y tantas cosas que se pueden antojar “necesarias” en la playa. Recordé los tiempos en los que era suficiente un cubo y una pala, una sencilla pelota de vóleibol, unos manguitos para los más pequeños, una hielera para las cervezas, las sombrillas, las toallas, la barbacoa, la caña de pescar, la ropa de recambio… Mhh, ahora me doy cuenta que las familias siempre han ido cargadas a la playa, pero mientras he sido hijo me ha tocado cargar y preocuparme poco, y ahora que seré padre empiezo a ser consciente de sus implicaciones logísticas.

Cuando nos preparábamos para ir a comer, Lilian se fijó en una familia conformada por 2 niños (de unos 4 y 2), un perro dos veces más grande que la Nea (es decir, era un perro pequeño) y la pareja presuntamente progenitora. Ellos también se disponían a ir a comer, y nos detuvimos un buen rato contemplando la movida. Al padre le faltaban manos para cargar los cubos y palas, la sombría, la hielera y alguna cosa más que se le había quedado en la arena y se esforzaba por alcanzar sin que todo lo demás cayera al suelo. A la madre le faltaba paciencia para secar y cambiar a sus hijos, lograr que se pusieran las chancletas sin llenarse de arena, aguantarse el sombrero y el pareo, y llamar al perro que se había liado con la Nea a correr libremente por la playa. Lilian me vio con su tranquilidad característica y me dijo algo así como “ay, el próximo año estaremos así…”. Yo, con mi característico susto a flor de piel, sudé un poco más de lo que clima ameritaba, sabiendo que en algunos meses estaré escenificando transes malabaristas poco glamorosos, similares a los que ahora presenciaba como mero espectador.

Camino al apartamento, decidimos dividirnos: Lilian iría a quitarse la arena y a comenzar a preparar la comida, mientras yo me acercaría comprar el pan y a que la Nea hiciera “sus necesidades” en la rotonda ajardinada que tanto le gusta. Como es habitual en estos paseos cortos por calles donde no transitan demasiados coches, yo llevaba a la Nea sin correa, para que corretee y olisquee libremente. El problema es que la perrilla lleva muy mal eso de que Lilian y yo no hagamos todo juntos, y al cabo de unos metros decidió volverse a casa a toda pastilla. Yo no me eché a correr tras ella, tanto por razones estéticas como de seguridad, y me limité a pegarle dos gritos que el viento se llevó.  Me enfilé a casa, y cuando llegué al 2do. 1ro. D, me sobrecogí al ver que la Nea no había vuelto hasta el apartamento. Imaginando hipótesis macabras, bajé las escaleras de caracol a la máxima velocidad que me permitieron mis flip-flap de turno. Me encontré a la Nea en el portal, confraternizando amenamente con una familia francesa. Al verme la cara, vino hacia mi lentamente, con la cola y las orejas gachas, y desviando la mirada en clara muestra de que era consciente de su mal obrar. La familia Francesa, ignorante del encuadre más amplio de la escena, contemplaba enternecida lo que imaginaban un encuentro rutinario entre amo y su sumisa mascota. Así que todas y cada una de las componentes de la familia, soltaron un alarido de sorpresa cuando le proferí un cachete correctivo a la Nea mientras le enganchaba la correa… y el grito colectivo fue ya de indignación cuando le proferí el segundo y final correctivo, acompañado de un recio “No se escapa! Mala!”. Me dirigí hacia la panadería llevando a la Nea con la correa corta, e intentando reflexionar sobre lo que había pasado: mi falta de precaución al no prever que echaría a correr tras Lilian, la forma en que mi angustia y preocupación se transformaron súbitamente en enfado, la posibilidad de que el segundo cachete realmente hubiera estado de más… Me fue inevitable preguntarme si cuando sea padre repetiré algunos patrones que he desarrollado como amo, y deseé sencillamente hacerlo lo mejor posible… o en la forma en que lo expreso en mis días de realismo radical, cagarla lo menos posible.

A mis espaldas, escuchaba la lejana algarabía de los franceses, quienes seguían comentando aireadamente los sucesos, y aunque no me enteraba de los pormenores pude intuir una censura unánime a mi cruel proceder y un coral “No se pega!. Malo!”. Y me planteé que otro reto como padre es seguir pasando de entrar en discusiones inútiles con todo esos desconocidos que se sienten con la potestad de juzgar y opinar sobre cómo debo educar a mis criaturas… 

Elucubraciones y Reflejos